Homilía del Nuncio Apostólico en Colombia en la Eucaristía con ocasión de la Reunión de Coordinación
Presentamos a continuación la Homilia ofrecida por Mons. Beniamino Stella, Nuncio Apostólico en Colombia, en la misa que presidió el miércoles 08 de agosto en el marco de la Reunión General de Coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano que se realiza en Bogotá.
Homilía del Presidente del CELAM en misa de apertura de la reunión de Coordinación General
A continuación presentamos el texto de la homilía que ofreció dom Raymundo Damasceno Assis, Presidente del CELAM, en la misa de apertura de la Reunión de Coordinación.
¡Somos discípulos y discípulas, misioneros y misioneras
para que nuestros pueblos en Jesucristo tengan vida en abundancia!
Queridos hermanos y hermanas:
El tema de esta celebración eucarística – la Evangelización de los pueblos – esta tomado de la lectura del Evangelio que acabamos de escuchar. Son las últimas palabras de Jesús Resucitado, según el evangelio de San Mateo, encargando a sus apóstoles la misión de evangelizar a todos los pueblos del mundo.
Esta evangelización consiste en “hacer discípulos” de Jesús. El propósito de la evangelización no consiste, por lo tanto, solamente en proclamar el mensaje de Jesús, sino en “hacer discípulos,” es decir, en crear una postura hacia la vida, una manera de ver, sentir y juzgar todo lo que pasa, desde la experiencia de la victoria de Cristo sobre la muerte. Por eso la evangelización no se agota en la fe de un individuo aislado, sino que trasciende hacia la creación de una identidad basada en una historia común, una experiencia de “pertenecer” a un solo pueblo en medio de las naciones y culturas humanas. Sin esta experiencia de pertenencia, no se puede decir que la evangelización haya llegado a su meta.
Queridos hermanos, celebramos esta Eucaristía haciendo memoria del acontecimiento de Pentecostés. Estamos reunidos con María, la Madre de Jesús, y aun después de partir de este santuario seguiremos viviendo, bajo el impulso del Espíritu Santo, del ardor que él nos infunde, de la comunión que él forja entre nosotros y de la abundancia de los carismas y ministerios que él regala a su Iglesia. Seguiremos sirviendo pastoralmente con la urgencia de las puertas del Cenáculo muy abiertas, y con el ejemplo de la predicación de Pedro, lleno de valentía, de confianza y convicción.
Nos inspira esta mañana la fiesta de la Visitación de María. Recordamos a la Sma. Virgen , que llevando a Jesús en su seno, se apresuró a visitar a su pariente Isabel.
Maria misionera
Fue la primera acción misionera de María que nos narran los Evangelios. Bastó una insinuación del Ángel Gabriel, y ella se puso en camino, presurosa, hacia el hogar de su prima Isabel. Prefirió no quedarse en casa, adorando a Jesús recién concebido en su seno. Es claro, nunca tuvo la tentación de separar el amor a Dios del amor al prójimo. A ambos amores, entrelazados en su alma, se dedicaba con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas.
Homilía del Arzobispo Ubaldo Ramón Santana Sequera - 29 de mayo de 2007
Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús,
Hace dos días celebramos la solemnidad de Pentecostés, gran fiesta que clausura el tiempo de Pascua con el don del Espíritu Santo prometido por Jesucristo, don hecho a la Virgen María , a los primeros apóstoles y a los discípulos y discípulas suyos de todos los tiempos. Reunidos en torno a Nuestra Señora de Aparecida nosotros también somos testigos del cumplimiento de esta promesa que nos transforma en discípulos misioneros de Nuestro Señor para trasmitir con fuerza y alegría al inicio de este siglo XXI su vida abundante y plena a nuestros pueblos.
Así como la narración contenida en el libro de los Hechos de los Apóstoles pone de manifiesto como se difundió y dio fruto el Primer Pentecostés en los tiempos apostólicos, así mismo ha de prolongarse y manifestarse el Pentecostés de Aparecida en el “tiempo ordinario” de nuestras propias y en la vida e historia de nuestras iglesias. . ¿No es acaso la misión ordinaria y fundamental de la Iglesia la de inyectar en el corazón mismo del tiempo y de la cotidianidad de las cosas la vida nueva de Pentecostés, la de colocar en el corazón, la mente del ser y quehacer humano el evangelio de Jesús que todo lo transforma, que todo lo hace nuevo?
.Esta quinta conferencia está terminando, ya está avanzado el documento final pero lo más importante es que todos y todas los que hemos estado aquí en estos días de gracia, hayamos sido profundamente renovados en nuestros corazones. Aparecida tiene que haber sido para nosotros la lección inaugural de esta Iglesia casa, escuela y taller de comunión que todos anhelamos implantar en nuestros respectivos países. Sabemos cuán importante es un buen documento pero también sabemos que no son los documentos por si solos los que transforman el mundo. Es el amor de Cristo que el Espíritu derrama en nuestros corazones lo que transforma el mundo y permite darle el uso adecuado a los documentos.
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Así contestó Isabel el saludo de María, quien presurosa subió a la montaña de Judá, al saber que su prima se encontraba encinta.
¿Quién eres Iglesia en América, para que la madre de mi Señor haya venido a visitarte? Así saludamos hoy, en esta Eucaristía, en esta V Conferencia General, desde este Santuario de Aparecida saludamos a María de Guadalupe, quien presurosa se hizo presente en la montaña del Tepeyac, al saber que estaba en cinta un nuevo pueblo.
María e Isabel intercambiaron saludo y también compartieron las maravillas realizadas por Dios en ellas. La que llamaban estéril se volvió fecunda en plena vejez, y María, sin dejar de ser virgen, se convirtió en la Madre del Amor, en la Theotokos.
¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre ! Exclamó Isabel, llena del Espíritu Santo, y agregó : Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.
(Fue leída, en ausencia de por enfermedad,
por Mons. Julio Cabrera, Obispo de Jalapa, Guatemala)
Hermanos y hermanas:
Por mi medio, Mons Álvaro Ramazini los saluda y se excusa por no poder presidir esta Eucaristía, por razones de salud. Él ha escrito esta homilía que yo comparto hoy con ustedes.
Tres veces pregunta Jesús a Pedro si lo ama. Tres veces Pedro responde que sí, reparando así su triple negación durante la Pasión del Señor. Las preguntas vienen después que el Señor les ha preparado unas brasas, un pez sobre ellas y pan.
Es Pedro mismo quien ha sacado la red a tierra llena de 153 peces grandes, símbolo de los futuros discípulos de Jesús. Este pasaje se ha interpretado normalmente en referencia personal a Pedro, y se ha singularizado su aplicación a su sucesor, el Papa. Sin embargo, nada impide ver en estas declaraciones de amor, a las que sigue el encargo de Jesús a Pedro de cuidar y apacentar sus ovejas, el fundamento del ministerio pastoral en la Iglesia, comenzando por el ministerio episcopal.
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar en el evangelio de Juan Cap 17, 20-26 nos invita a prepararnos a acoger el Espíritu Santo y a sumergirnos en la intimidad de la oración de Jesús que intercede por nosotros delante de su Padre. Por tres veces Nuestro Señor vuelve con insistencia sobre lo que constituye el corazón de su intercesión, “que todos sean uno como nosotros somos uno”. Lo que nuestro Señor pide no es congregarnos solamente como creyentes en medio de este mundo que Él ha creado, sino que nos está llamando a vivir en la comunión de la Santísima Trinidad.
Lo que Jesús pide a su Padre es la integración de todos lo fieles en el misterio de la comunidad Trinitaria, para que puedan vivir de esta naturaleza Divina. Es así que nuestra unidad será perfecta y podrá constituirse un testimonio del único amor que el Padre tiene para sus hijos. Esta es la Buena Noticia , Dios es amor; el amor de Dios para sus criaturas imperfectas, es el mismo amor que se encuentra en las personas divinas en el seno de la Trinidad. Es este amor que Jesús llama la “Gloria” que Él ha recibido del Padre antes de la creación del mundo, gloria en la cual Él conoce al Padre, compartiendo su propia vida. Esta gloria vivificante nos es ofrecida a nosotros también que hemos reconocido en Jesús la imagen del Padre puesto que Él nos ha revelado lo que es la paternidad de Dios. El carácter conclusivo de esta página del Evangelio nos conduce al corazón de la revelación cristiana invitándonos a descubrir la paternidad de Dios.
Dios es amor, Dios es Padre, tiene entrañas de compasión y de misericordia. Esta experiencia que Jesús ha vividoaprendiendo cada día a cumplir la voluntad del Padre no de una manera teorica intelectual sino por el camino de la obediencia y la fidelidad a la sumisión en los diferentes encuentros que realizó durante su vida.
La parole de Dieu que nous venous d' accueillir dans l'evangelie de Jean 17,20 26 nous invite a noues preparer a l' accueil de l' accueil de l' Espirit Saint, en nous plongeant dans l' intimite de la priere de Jesus, quie entercede por nous aupres de Son Pere. Pour trois fois Notre Seigneur revient avec insistance sur ce qui constitute le ceur de son intercession « que tous soient un comme nous sommes un »Ce que notre Seigneur reclame, ce n'est pa le rassemblement de tous le croyants au coeur de ce monde cree, de maniere a ce qu'ils constiuent entre eux une unite distencte de l' unite des trois personnes de la Trinite. Ce que Jesus demande a son Pere C' est l' integratión des fideles dans le mystere de la communion trinitaire et donc leur assonption dans la nature divine incree. Ce n´est qu´ainsi que notre unite será parfaite et pourra constituer un temoignage de l´unique amour du Pere pour tous ses enfants. Tel est l´noui de la Bonne Nouvelle : Dieu est amour, l´amour de Dieu pur ses creatures imparfaites ephemeres est le meme et unique amour dont les persones divines s´aimnet eternellment au sein de la Trinite. Cést cet amour que Jesus appelle la gloirequ´il a recue du Pere avant meme lça creation du monde « gloire dans laquelle il connait le Pere partagant sa propie vie.
Homilía de Monseñor José Luis Lacunza - 23 de mayo de 2007
Queridas Hermanas y queridos Hermanos:
En Brasil y otros varios países de América Latina y El Caribe, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se lleva a cabo en esta semana previa a la Solemnidad de Pentecostés. Estando reunidos en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe, es justo que dediquemos una de nuestras celebraciones a orar haciendo nuestra la petición de Jesús en la Última Cena: « Que todos sean uno » (Ut unum sint »).
El Siervo de Dios, Juan Pablo II, en su Encíclica « Ut unum sint », explicaba así el sentido de la oración del Señor: « Jesús mismo antes de su Pasión rogó para : «que todos sean uno» (Jn 17, 21). Esta unidad, que el Señor dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que está en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Pertenece en cambio al ser mismo de la comunidad. Dios quiere la Iglesia , porque quiere la unidad y en la unidad se expresa toda la profundidad de su ágape. En efecto, la unidad dada por el Espíritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas personas que se suman unas a otras. Es una unidad constituida por los vínculos de la profesión de la fe, de los sacramentos y de la comunión jerárquica. Los fieles son uno porque, en el Espíritu, están en la comunión del Hijo y, en Él, en comunión con el Padre: « Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo » (I Jn 1, 3). Así pues, para la Iglesia católica, la comunión de los cristianos no es más que la manifestación en ellos de la gracia por medio de la cual Dios los hace partícipes de su propia comunión, que es su vida eterna. Las palabras de Cristo « que todos sean uno » son pues la oración dirigida al Padre para que su designio se cumpla plenamente, de modo que brille a los ojos de todos « cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas » (Ef 3, 9). Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia ; querer la Iglesia significa querer la comunión de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado de la oración de Cristo: « Ut unum sint » (UUS 9) » .
Mis buenos hermanos en el Episcopado, Sacerdotes y Laicos, presentes en este Santuario, como también todos aquellos que tanto en Aparecida como fuera del país están compartiendo este hermoso acta litúrgico a través de la Televisión y la Radio.
Todos nosotros miembros de esta Iglesia Católica que peregrina por el mundo gozamos de algo especial de parte de Dios: Somos llamados. Y el mismo señor se encarga de decírnoslo: No son ustedes los que me han escogido soy yo quien los he escogido”.
Esa es la pedagogía del Señor, es él el que llama. Por eso el que hoy estemos reunidos para celebrar esta V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, no es fruto del discernimiento y decisión de nosotros los obispos, sino el deseo del mismo Cristo, quien como lo hizo con Pedro, Santiago y Juan, los llamó porque él quiso. Que hermoso mis buenos hermanos, que sintamos la alegría de haber sido convocados por él y mucho mas hermoso, el poder estar con él.
Con el inicio de la semana de oración por la unidad de los cristianos y la proximidad de la fiesta de Pentecostés iniciamos la segunda semana de trabajo de la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del caribe que nos congrega aquí.
Después de haber identificado los grandes desafíos que presenta a la Iglesia el mundo actual caracterizado por un constante cambio y luego que hemos señalado algunos temas específicos que los pastores no podemos aludir en nuestra misión evangelizadora ahora debemos iluminarlos desde la fe y dar orientaciones claras y concretas para la evangelización y la pastoral en nuestras iglesias particulares.
En este trabajo y para este trabajo es muy iluminadora la palabra de Dios que acaba de ser proclamada.
Homilía del Mons. Fernando Sáenz Lacalle - 18 de mayo de 2007
EL SEÑOR ESTÁ CERCA DE NOSOTROS
Las lecturas que acabamos de escuchar, suponen un gran aliciente para la tarea de esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.
Nos detenemos a considerar los incidentes ocurridos en Corinto que la PRIMERA LECTURA nos describe. La experiencia de San Pablo nos permite apreciar la acción divina y la correspondencia humana en la misión apostólica.
El Apóstol, muy sensible a los acontecimientos, había llegado a Corinto después del escaso éxito de su predicación en Atenas. Le falta el ánimo. Él mismo escribió a los Corintios: “Me presenté ante ustedes débil, tímido y tembloroso” (I Cor. 2, 3).
Hubiese deseado empapar de espíritu cristiano el pensamiento clásico, como más tarde lograrían hacerlo San Agustín y Santo Tomás de Aquino.
En el Evangelio de Juan, las palabras de Jesús revelan el misterio y el significado de su cercana pasión. Muerte y Resurrección –el misterio pascual de nuestra salvación que incluye el retorno de Cristo hacia el Padre en la gloria.
Nuestra liturgia sigue el modelo lucano y la comprensión de su misterio pascual con 40 días de apariciones del resucitado, la Ascensión de Cristo a los cielos y el envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles con la promesa de su retorno glorioso al final de los tiempos.
“Un poco más de tiempo y me verán”. Estas palabras de Jesús me llamaron la atención en la lectura del Evangelio de hoy. Hace dos meses celebré el 40 aniversario de mi ordenación sacerdotal. Mi estampa de ordenación sacerdotal llevaba una frase de Teilhard de Chardin: “Nada es profano para aquellos que saben ver”.
A la hora de pasar de este mundo al Padre, es decir, en un ambiente de despedida, Jesús hace todas estas recomendaciones que nos gusta tanto saborear y repetir, y que de alguna manera las traspolamos en este tiempo pos pascual: entre la Pascua y Pentecostés.
Y empieza Jesús en el pasaje de hoy, haciendo una advertencia: tengo muchas cosas que decirles pero ahora no las van a entender.
Habían convivido con Jesús estos días post pascuales y sin embargo todavía no entendían. En el momento mismo de la ascensión le preguntan si ya va a instaurar el reino aquí, y les reprocha su incredulidad el Señor. Hay algo que impide entender. Pero el Señor les dice: cuando venga el espíritu ahí sí. El será el encargado de enseñarles todas estas cosas que yo ahora por mas que se las diga no las pueden entender.
Y llama la atención la expresión: cuando venga el espíritu de la verdad, el os introducirá en toda la verdad. Es decir, el espíritu es el aquel nos introduce en la verdad, aquel que nos abre camino, es propio del espíritu abrir camino, y el primer camino que nos abre es hacia el misterio. El espíritu de Jesús nos introduce en el misterio y nos va llevando, a esa sapiencialidad cognoscitiva que destruye toda pretensión gnóstica en la Iglesia.