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A la hora de pasar de este mundo al Padre, es decir, en un ambiente de despedida, Jesús hace todas estas recomendaciones que nos gusta tanto saborear y repetir, y que de alguna manera las traspolamos en este tiempo pos pascual: entre la Pascua y Pentecostés.
Y empieza Jesús en el pasaje de hoy, haciendo una advertencia: tengo muchas cosas que decirles pero ahora no las van a entender.
Habían convivido con Jesús estos días post pascuales y sin embargo todavía no entendían. En el momento mismo de la ascensión le preguntan si ya va a instaurar el reino aquí, y les reprocha su incredulidad el Señor. Hay algo que impide entender. Pero el Señor les dice: cuando venga el espíritu ahí sí. El será el encargado de enseñarles todas estas cosas que yo ahora por mas que se las diga no las pueden entender.
Y llama la atención la expresión: cuando venga el espíritu de la verdad, el os introducirá en toda la verdad. Es decir, el espíritu es el aquel nos introduce en la verdad, aquel que nos abre camino, es propio del espíritu abrir camino, y el primer camino que nos abre es hacia el misterio. El espíritu de Jesús nos introduce en el misterio y nos va llevando, a esa sapiencialidad cognoscitiva que destruye toda pretensión gnóstica en la Iglesia.
El Espíritu que nos lleva al misterio para que su pueblo, su Iglesia, sea una iglesia adoradora, orante ante el misterio de Dios. Nos abre camino hacia el misterio de Dios. Y por otro lado el mismo espíritu es el que de alguna manera va a provocar la dispersión de ese pequeño grupo. O a través de esa fuerte persecución en Jerusalén, o a través de inspiraciones: o sea Felipe andate a el camino de Gaza porque por ahí va a pasar un ministro de Economía de la reina de etiopia que hay que bautizar y evangelizar o a Pedro con Cornelio o a pablo con el macedonio o a pablo inspirándole encontrar las semillas del verbo en este templo de Atenas o a pablo dándole el coraje de encararlo a Pedro cuando cae en la tentación del respeto humano. El mismo Espíritu que va suscitando todas estas cosas en esta iglesia que se extiende, mas aun el espíritu la empuja: Mándame a Silas y a Timoteo, no entres en Bitinia, así le va marcando, es decir la proyecta hacia las periferias, no solo las periferias geográficas no solo las periferias del mundo conocidos de la cultura, sino las periferias existenciales. El espíritu es el que nos conduce, también nos lleva por el camino hacia toda periferia humana: la del no conocimiento de Dios de tanta gente, la de la injusticia, la del dolor, la de la soledad, la del sin sentido de la vida, tantas periferias existenciales que debemos evangelizar, pero es el espíritu el que nos ha de llevar allí. Por lo tanto este espíritu que nos introduce por un lado en el misterio de Dios para que su Iglesia sea adoradora y orante y por otro lado nos dispersa hacia toda periferia existencial para que su Iglesia sea evangelizadora. Este espíritu por otro lado es el creador de la diversidad de la Iglesia y va sembrando carismas a uno una cosa, al otro la otra a otro otra y a la comunidad la va haciendo lo más diversa posible y mientras siembra la diversidad, amasa la unidad en la armonía porque El es la armonía. Esto es lo que nos promete Jesús, esto es lo que nos va a mandar, este espíritu. Un espíritu que nos libra de la suficiencia del propio conocimiento la que nos lleva a la gnosis. Un espíritu que al empujarnos a la evangelización, nos libra de constituirnos en una iglesia autorreferencial, como la mujer encorvada del evangelio que no hace más que mirarse a sí misma y el pueblo de Dios por allá. Y en esa tensión entre estas dos trascendencias, el misterio de Dios, y las periferias humanas, se mueve nuestra vida de discípulos y de bautizados. Así caminamos en la Iglesia, todos, todos somos discípulos desde el bautismo. El Señor de este pueblo de Dios saca algunos, los separa pero no los excluye para que sean pastores, separados pero no excluidos, incluidos en el pueblo y es el espíritu el que va fomentando ese dialogo tan hermoso entre el pueblo y su pastor. Hoy estamos aquí , todos bautizados algunos de nosotros segregados pero no excluidos de este mismo pueblo para ser pastores todos juntos junto a María la Madre del Señor pidiendo ser fortalecidos en el espíritu. Porque no queremos ser una iglesia autorreferencial sino misionera, no queremos ser una iglesia agnóstica sino adoradora y orante. Pueblo y pastores constituyendo este santo pueblo fiel de Dios que goza de la infalibilitaz in credendi todos juntos con el Papa, Pueblo y Pastores dialogamos según el espíritu nos lo inspire, y oramos juntos y construimos la iglesia juntos, mejor dicho somos instrumentos del espíritu que la construye. Le pido al Señor Jesús, que al vernos aquí reunidos junto a María, la Madre del Señor, nos envíe este espíritu que nos abra camino hacia el misterio y hacia la dispersión evangelizadora y que fomente en nosotros ese hermoso dialogo entre el pueblo y su pastor. Quiero terminar con una imagen de este dialogo, una tierna imagen, ese gran Pastor, que de 22 años de episcopado, 18 las paso fuera de su ciudad recorriendo por tres veces su territorio Santo Toribio, dialogando con su pueblo y porque nunca se aparto de su pueblo, porque si bien estaba segregado pero nunca se sintió excluido sino incluido, pudo hacer lo que hizo en América. Y de ese dialogo de 18 años largos recorriendo, una escena que nos queda en la memoria dialogo fogoso, hermoso pero el acorde final el pastor entregando su alma a dios junto a un aborigen que le tocaba la chirimía para que el alma de su pastor se sintiera en paz. Ojala podamos vivir estas cosas. Que el Señor nos las conceda.
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