V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
 
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Intervención - Monseñor Horacio Valenzuela - Obispo de Talca - 18 de mayo de 2007 PDF Imprimir E-Mail

En el nº 15 el documento de síntesis habla de una encrucijada, cuya solución es el encuentro personal con Jesucristo. Para esto, es necesario renovar nuestra visión de fe. Nuestros  santos son una respuesta de Dios. Unas palabras de San Alberto Hurtado nos iluminan: Hasta los cristianos –nos incluimos los pastores– a fuerza de respirar esta atmósfera estamos impregnados de materialismo, de materialismo práctico. Confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida de cada día está lejos de Él. Leemos los mismos libros, asistimos a los mismos espectáculos y emitimos los mismos juicios que los ateos (cf. San Alberto Hurtado, La búsqueda de Dios, Santiago 2005, p. 12).

Estas palabras son un llamado a renovar nuestra visión de fe. La misión de la Iglesia es sobrenatural, y hay, por tanto, una insalvable desproporción entre la misión de la Iglesia y nuestras capacidades. Así, los medios humanos son, por definición, insuficientes. Se trata de ofrecer toda nuestra colaboración humana sabiendo que los frutos son don de Dios. Muchas veces trabajamos como si la evangelización fuera una empresa sólo humana.

La Encarnación y la Eucaristía son modelos de la acción eclesial. La Madre de Jesús colabora activamente a la acción divina, que no se realiza sin su cooperación, pero su colaboración sólo es fecunda por la acción gratuita de Dios. Nuestra colaboración es tan insuficiente como necesaria, como en la multiplicación de los panes, y por ello es eucarística. La auténtica fecundidad eclesial siempre es virginal y eucarística. Así, la genuina acción eclesial es prolongación de la Eucaristía.

Sólo la visión de fe impulsa a reconocer a con radicalidad a Cristo en cada hombre, en especial los más pobres, y es capaz de sostener una entrega tan generosa, profunda y constante como la de San Alberto Hurtado. El encuentro personal con Jesucristo, única solución a la encrucijada que enfrentamos, no será el resultado de una calculada estrategia humana, sino el don gratuito de Dios a una Iglesia renovada en la fe.

 
 
   
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