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Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales PDF Imprimir E-Mail

 Arzobispo John Patrick Foley
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales

Luces y dolores de parto de una nueva época

Ya en 1963 los Padres Conciliares previeron el enorme cambio que los medios de comunicación impulsaban en la sociedad y en el que hoy estamos inmersos. Nadie discute que nos encontramos en una nueva época de la historia, y que ésta no puede ser entendida sin referencia al vertiginoso desarrollo de la comunicación y sus tecnologías en todo el planeta, Más aún, los estudiosos atribuyen a éstas el motivo principal del salto que está dando la humanidad» pues modifican el modo y el ritmo en que la gente intercambia mensajes con sus interlocutores cercanos y con la sociedad; transforman el modo de comprenderse a sí mismos y la vida en su conjunto. La sociedad mediática ha creado una especie de caja de resonancia que define el escenario social y los elementos de juicio de millones de personas. Incluso la globalizacíón, que suele entenderse como un fenómeno económico, no sería comprensible sin este cambio cultural que la impulsa y se ve a su vez impulsada por ella.

No han desaparecido los medios de comunicación así llamados "tradicionales": el libro, la prensa, la radio, el cine, la televisión. Cada medio, visto en sí mismo, tiene su valor y sus lenguajes propios, y llega a algunos sectores de público de manera particular, Pero esos medios también están transformándose a gran velocidad, pues por primera vez en la historia comparten con los demás el lenguaje digital y convergen entre sí, sobre todo en Internet que sirve de soporte para todos ellos. Son pocas las personas que se exponen a un solo medio, y cada vez menos los medios que envían sus mensajes en un solo soporte. Han entrado en escena, además» nuevos artilugios digitales -teléfonos móviles, iPods, palmares, estaciones de videojuegos, etc.- de modo que el flujo de textos, datos, sonidos e imágenes ha crecido porque todos esos medios convergen e interactúan entre sí, también a través de satélites, multiplicando no sólo los mensajes, sino también los modos de presentarlos. Pero frente a este continuo cambio de formatos y modernización del mundo mediático, la Iglesia debe estar atenta a no caer en una carrera tecnologícista, que impediría sacar el máximo provecho tanto de los antiguos como de los nuevos medios de comunicación.

Por ello la realidad mediática debe ser estudiada en forma ínterdisciplinar, desde la antropología, la teología, los aspectos sociológicos y tecnológicos. La mayoría de la población está constantemente expuesta a cantidades ingentes de mensajes» publicidad y contenidos que difícilmente puede organizar y digerir, no sólo por el volumen de las informaciones, sino porque éstas suelen ser contradictorias entre sí. Además los usuarios, en particular los jóvenes, están empezando a adquirir hábitos de participación mucho más activos respecto al pasado, al grado que muchos autores afirman que ha llegado el fin de los medios masivos de comunicación. En la llamada mediósfera de hoy cada usuariopuede ser también fuente de mensajes para otros. Para dójicamente, una sociedad tendiente al individualismo se está articulando en redes y nuevas formas de asociación a través de estos medios. La Iglesia siente como un deber el comprender los anhelos, esperanzas y oportunidades que las personas tienen en esta nueva fase histórica, así como sus riesgos y amenazas, América Latina no está fuera de este cambio gigantesco, que desemboca en la llamada ''sociedad de la información". En cada uno de los países ésta adquiere unos matices particulares, dada la configuración plural y diversa de los pueblos. Las virtudes y las carencias que ya vive la sociedad se ven amplificadas por el panorama mediático y por el clima cultural que éste suscita. Quien tiene acceso a estos medios obtiene, en muchas ocasiones, mayores oportunidades de participación social y laboral. Quien en cambio está excluido de ellos, ve crecer en forma dramática la distancia que le separa del resto de la sociedad, La desigualdad social se refleja y crece en la desigualdad tecnológica. De aquí los esfuerzos de muchos gobiernos para allanar lo más posible esta "brecha digital" impulsando, con el apoyo del sector privado y de la sociedad civil, la creación de infraestructuras y formación necesaria para facilitar el acceso; pero aún estos esfuerzos deben ser intensificados. El contexto latinoamericano ha sido pionero en el investigar y aplicar la Educomunicación, que establece un puente entre la pedagogía y la educación, preparando a los níños y jóvenes para leer los medios en profundidad y tener una actitud crítica ante ellos.

Ya el Documento de Santo Domingo detectaba la concentración de la propiedad de los medios de comunicación en pocas manos, tendencia que ha continuado creciendo. Pero algo nuevo, a la vez signo de esperanza, aparece a través de los medios digitales, que ofrecen muchas más posibilidades de participación y de comunión si se ponen al alcance de todos y se extiende una cultura de uso. La Iglesia aprovecha estos medios no sólo para poder difundir la Buena Nueva, sino también para impulsar el progreso de los pueblos e incorporar a los excluidos, de modo que tengan acceso a esta nueva forma de diálogo social. Ha sido pionera en este campo, y aún debe insistir en este esfuerzo de inclusión en favor de las comunidades empobrecidas para que tengan acceso y protagonismo en la sociedad de la información.

La Iglesia, signo de comunión en la sociedad de la información

"Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros" (Jn 17, 21), Ecclesia in America (n, 33) señala con fuerza el origen trinitario de la comunión en la Iglesia. Santo Domingo, (n. 279) subraya que "la Evangelización, anuncio del Reino, es comunicación, para que vivamos en comunión". Estos documentos no han quedado sin fruto. La Iglesia ha encontrado en la sociedad mediática un espacio para el desarrollo comunitario y de fe, así como una nueva tierra de misión, tanto por las ventajas y oportunidades que ofrece, como por sus carencias y riesgos. Durante los últimos 15 años muchas Iglesias locales de América Latina, con no pocos esfuerzos, han desarrollado extraordinariamente su presencia en los medios de comunicación social. Son ejemplo de ello sus innumerables publicaciones, así como una presencia radiofónica extraordinariamente capilar y extendida» con gran énfasis en educación popular y evangelización. También se han multiplicado las emisoras y productoras de televisión, que con fe intrépida han logrado empezar a difundir programación, pero aún buscan una mayor estabilidad y fórmulas de apoyo mutuo. Desde hace más de quince años existe la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y cada vez más agencias de noticias, portales y sitios en Internet. Esta presencia da a la Iglesia visibilidad en la sociedad, donde ha de ser "signo e instrumento de comunión" (EA, 33), Los momentos del funeral de Juan Pablo II y la elección del Papa Benedicto XVI, que marcaron un primado histórico en la atención mediática, son un ejemplo de cómo el uso acertado de los medios puede ser un enorme servicio a la Palabra de Dios y a la presencia viva del Espíritu en su Iglesia.

El Papa Juan Pablo II culminó su extraordinario pontificado con la Carta Apostólica "El rápido desarrollo", que invita a los católicos a entrar sin titubeos en esta nueva sociedad y, más aún, a ser en ella fermento, sal y luz. El Papa sabía bien que la Iglesia ya usaba y usa -en ocasiones con gran éxito- los diversos medios de comunicación- La página web www.vatican.va. así como la Red Informática de la Iglesia en América Latina (R1IAL) nacieron precisamente con el impulso del gran Pontífice "venido de un país lejano". El desafío, pues, no está en la duda de si usar los medios, sino en el cómo articularlos en una mayor dinámica de comunión para entrar más profundamente en el corazón de la cultura y "poner en ella el rostro de Cristo y hacer escuchar su voz" (Juan Pablo II» Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero 2002).

Todo el esfuerzo pastoral de la Iglesia, que con acierto da primacía al trato directo con las personas concretas y vivas que encuentra en su camino, debe ser complementada y reforzada a través de una presencia creativa, cohesionada y armónica en los medios de comunicación social, que generan y alimentan la cultura, los valores, la toma de decisiones, las preferencias y opiniones de esas mismas personas y grupos.

La industria mediática reclama cada vez más contenidos con calidad profesional. La multiplicación de los medios y de los aparatos de recepción exigen cantidades enormes de material audiovisual en muy distintos formatos, Nosotros tenemos la más hermosa y nueva de las fuentes: la revelación de Dios en Cristo y la vida de la Iglesia, Tenemos el deber, el mandato del Señor, de proclamarla desde loa tejados, alcanzando a toda persona. Por ello hemos de dedicar esfuerzos y recursos» ser capaces de renovar nuestra creatividad, cada uno y todos en conjunto, para poder ofrecer la Buena Nueva en las formas que hoy entiende la sociedad.

Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas, ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace más dispersiva. Además de difundir unos contenidos católicos; es necesaria ante todo y sobre todo una vida personal y colectiva acorde con el Evangelio; entre nosotros debe haber unos nexos y una solidaridad que sean propios de los seguidores de Cristo. "En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros" (Jn 13,35). Esta es la exigencia que afrontamos. En América Latina tenernos, además la enorme ventaja de contar con dos lenguas mayoritarias, el español y el portugués, que facilitan la transmisión de contenidos entre muchos millones de personas,

La Iglesia en América Latina no debe cansarse de seguir apostando por el uso de los medios de comunicación a su alcance para anunciar el mensaje confiado por Cristo a sus discípulos. Más aún, en cumplimiento de su principal misión, debe seguir buscando y abriendo nuevos espacios de comunicación y diálogo entre la cultura, la sociedad y la fe, en los nuevos modernos lenguajes que requiere de la era de la información. Y no cansarse de dialogar con los profesionales del periodismo para impulsar junto con ellos una cultura de paz.

Individualismo se está articulando en redes y nuevas formas de asociación a través de estos medios. La Iglesia siente como un deber el comprender los anhelosí esperanzas y oportunidades que las personas tienen en esta nueva fase histórica, así como sus riesgos y amenazas, América Latina no está fuera de este cambio gigantesco, que desemboca en ía llamada ''sociedad de la información". En cada uno de los países ésta adquiere unos matices particulares, dada la configuración plural y diversa de los pueblos. Las virtudes y las carencias que ya vive la sociedad se ven amplificadas por el panorama mediático y por el clima cultural que éste suscita. Quien tiene acceso a estos medios obtiene, en muchas ocasiones, mayores oportunidades de participación social y laboral. Quien en cambio está excluido de ellos, ve crecer en forma dramática la distancia que le separa del resto de la sociedad, La desigualdad social se refleja y crece en la desigualdad tecnológica. De aquí Jos esfuerzos de muchos gobiernos para allanar lo más posible esta "brecha digital" impulsando, con el apoyo del sector privado y de la sociedad civil, la creación de infraestructuras y formación necesaria para facilitar el acceso; pero aún estos esfuerzos deben ser intensificados. El contexto latinoamericano ha sido pionero en la investigar y aplicar la Educomunicación, que establece un puente entre la pedagogía y la educación,. preparando a los nífíos y jóvenes para leer los medios en profundidad y tener una actitud crítica ante ellos.

Ya el Documento de Santo Domingo detectaba la concentración de la propiedad de los medios de comunicación en pocas manos, tendencia que ha continuado creciendo. Pero algo nuevo, a la vez signo de esperanza, aparece a través de los medios digitales, que ofrecen muchas más posibilidades de participación y de comunión si se ponen al alcance de todos y se extiende una cultura de uso. La Iglesia aprovecha estos medios no sólo para poder difundir la Buena Nueva, sino también para impulsar el progreso de los pueblos e incorporar a ios excluidos, de modo que tengan acceso a esta nueva forma de diálogo social. Ha sido pionera en este campo, y aún debe insistir en este esfuerzo de inclusión en favor de las comunidades empobrecidas para que tengan acceso y protagonismo en la sociedad de la información.

La Iglesia, signo de comunión en la sociedad de la información "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros" (Jn 17» 21), Ecclesia in America (n, 33) señala con fuerza el origen trinitario de la comunión en la Iglesia. Santo Domingo, (n. 279) subraya que "la Evangelizaron, anuncio del Reino, es comunicación, para que vivamos en comunión". Estos documentos no han quedado sin fruto. La Iglesia ha encontrado en la sociedad mediática un. espacio para el desarrollo comunitario y de le, así como una nueva tierra de misión, tatuó por Jas ventajas y oportunidades que ofrece, como por sus carencias y riesgos. Durante los últimos 15 años muchas Iglesias locales de América Latina, con no pocos esfuerzos, han desarrollado extraordinariamente su presencia en los medios de comunicación social. Son ejemplo de ello sus innumerables publicaciones, así como una presencia radiofónica extraordinariamente capilar y extendida» con gran énfasis en educación popular y evangelizaron. También se han multiplicado las emisoras y productoras de televisión, que con fe intrépida han logrado empezar a difundir programación, pero aún buscan una mayor estabilidad y fórmulas de apoyo mutuo. Desde hace más de quince años existe la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RJIAL) y cada vez m£s agencias de noticias, portales y sitios en Internet. Esta presencia da a la Iglesia visibilidad en la sociedad, donde ha de ser "signo e instrumento de comunión" (EA, 33), Los momentos del funeral de Juan Pablo II y la elección del Papa Benedicto XVI, que marcaron un primado histórico en la atención mediática, son un ejemplo de cómo el uso acertado de los medios puede ser un enorme servicio a la Palabra de Dios y a la presencia viva del Espíritu en su Iglesia, El Papa Juan Pablo II culminó su extraordinario pontificado con la Carta Apostólica "£/ rápido desarrollo", que invita a los católicos a entrar sin titubeos en esta nueva sociedad y, más aún, a ser en ella fermento, sal y luz. El Papa sabía bien que la Iglesia ya usaba y usa -en ocasiones con gran éxito- los diversos medios de comunicación- La página web www.vatican.va. así como la Red Informática de la Iglesia en América Latina (R1IAL) nacieron precisamente con el impulso del gran Pontífice "venido de un país lejano". El desafio, pues, no está en la duda de si usar los medios, sino en el cómo articularlos en una mayor dinámica de comunión para entrar más profundamente en el corazón de la cultura y "poner en ella el rostro de Cristo y hacer escuchar su voz" (Juan Pablo II» Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero 2002).

Todo el esfuerzo pastoral de la Iglesia, que con acierto da primacía al trato directo con las personas concretas y vivas que encuentra en su camino, debe ser complementada y reforzada a través de una presencia creativa, cohesionada y armónica en los medios de comunicación social, que generan y alimentan la cultura, los valores, la toma de decisiones, las preferencias y opiniones de esas mismas personas y grupos, la industria mediática reclama cada vez más contenidos con calidad profesional. La multiplicación de los medios y de los aparatos de recepción exigen cantidades enormes de material audiovisual en muy distintos formatos, Nosotros tenemos la más hermosa y nueva de las fuentes: la revelación de Dios en Cristo y la vida de la Iglesia, Tenemos el deber, el mandato del Señor, de proclamarla desde loa tejados, alcanzando a toda persona. Por ello hemos de dedicar esfuerzos y recursos» ser capaces de renovar nuestra creatividad, cada uno y todos en conjunto, para poder ofrecer la Buena Nueva en las formas que hoy entiende la sociedad.

Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas, ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace más dispersiva. Además de difundir unos contenidos católicos; es necesaria ante todo y sobre todo una vida personal y colectiva acorde con el Evangelio; entre nosotros debe haber unos nexos y una solidaridad que sean propios de los seguidores de Cristo. "En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros" (Jn 13,35). Esta es la exigencia que afrontamos. En América Latina tenernos, además la enorme ventaja de contar con dos lenguas mayoritarias, el español y el portugués, que facilitan la transmisión de contenidos entre muchos millones de personas.

La Iglesia en América Latina no debe cansarse de seguir apostando por el uso de los medios de comunicación a su alcance para anunciar el mensaje confiado por Cristo a sus discípulos. Más aún, en cumplimiento de su principal misión, debe seguir buscando y abriendo nuevos espacios de comunicación y diálogo entre la cultura, la sociedad y la fe, en los nuevos modernos lenguajes que requiere de la era de la información. Y no cansarse de dialogar con los profesionales del periodismo para impulsar junto con ellos una cultura de paz.

 
 
   
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