V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
 
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Homilía del Arzobispo Ubaldo Ramón Santana Sequera - 29 de mayo de 2007 PDF Imprimir E-Mail

Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús,

Hace dos días celebramos la solemnidad de Pentecostés, gran fiesta que clausura el tiempo de Pascua con el don del Espíritu Santo prometido por Jesucristo, don hecho a la Virgen María , a los primeros apóstoles y a los discípulos y discípulas suyos de todos los tiempos. Reunidos en torno a Nuestra Señora de Aparecida nosotros también somos testigos del cumplimiento de esta promesa que nos transforma en discípulos misioneros de Nuestro Señor para trasmitir con fuerza y alegría al inicio de este siglo XXI su vida abundante y plena a nuestros pueblos.

Así como la narración contenida en el libro de los Hechos de los Apóstoles pone de manifiesto como se difundió y dio fruto el Primer Pentecostés en los tiempos apostólicos, así mismo ha de prolongarse y manifestarse el Pentecostés de Aparecida en el “tiempo ordinario” de nuestras propias y en la vida e historia de nuestras iglesias. . ¿No es acaso la misión ordinaria y fundamental de la Iglesia la de inyectar en el corazón mismo del tiempo y de la cotidianidad de las cosas la vida nueva de Pentecostés, la de colocar en el corazón, la mente del ser y quehacer humano el evangelio de Jesús que todo lo transforma, que todo lo hace nuevo?

.Esta quinta conferencia está terminando, ya está avanzado el documento final pero lo más importante es que todos y todas los que hemos estado aquí en estos días de gracia, hayamos sido profundamente renovados en nuestros corazones. Aparecida tiene que haber sido para nosotros la lección inaugural de esta Iglesia casa, escuela y taller de comunión que todos anhelamos implantar en nuestros respectivos países. Sabemos cuán importante es un buen documento pero también sabemos que no son los documentos por si solos los que transforman el mundo. Es el amor de Cristo que el Espíritu derrama en nuestros corazones lo que transforma el mundo y permite darle el uso adecuado a los documentos.

El testimonio de los miles de romeros que día tras día han llegado a Aparecida nos dan ejemplo de una fe alegre y de una enorme capacidad de sacrificio y entrega. La esperanza se hace presente en la actitud mística y serena con la que tanta gente sencilla hace de la oración personal y comunitaria una fiesta del Espíritu. La acogida que se brinda en la casa de la Madre a los que llegan, el despliegue de los servicios pastorales así la liturgia cotidiana y festiva tan bien preparada y cuidada es un estímulo y referencia a la misión que nos ha sido confiada. Al caminar por casi tres semanas con este río Paraiba viviente de peregrinos, el maestro nos ha abierto el entendimiento del Evangelio de la bienaventuranza de los pobres, nos ha mostrado el siempre joven rostro de su infinito amor en la fracción del pan compartido y ahora nos pide salir en misión.

En la primera lectura el sabio Ben Sirah nos invita a reconocer una vez más que todo lo bueno, grande y noble que hemos recibido y compartido juntos en estos días procede del amor infinito de nuestro Padre Dios el Creador, Redentor y Transformador de todo y que el mayor tesoro que nos podemos llevar de Aparecida para nuestras iglesias es una renovada y más lúcida convicción de que en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre en el seno de María , El nos la ha dado todo y por El, con El y en El todo lo pone a nuestra disposición. (Jn. 17, 3)

Cuando el discípulo con la luz de la gracia descubre que Jesús quiere compartir tan gran tesoro con los suyos, introducirlos en el círculo de sus amigos amados por los cuales está dispuesto a dar todo incluso su vida, que no se reserva nada sino que todo lo da y nada reclama entonces se activa dentro de su corazón un deseo que se transforma pronto en una decisión: corresponderle a Dios con la misma generosidad, con el mismo amor.

Aquí está el origen de lo que podemos llamar la espiritualidad del retorno agradecido. Aquí está también para los seguidores de Dios y los discípulos de Jesús el origen del diezmo, ofrenda voluntaria que el creyente le hace a Dios de aquello que le pertenece y le devuelve con alegría: “Da al Altísimo según la medida que él te ha dado a ti; dale tan generosamente como puedas porque el Señor sabe recompensar y te dará siete veces más”

Esta espiritualidad del retorno agradecido está inspirando nuevos caminos pastorales en nuestras iglesias bajo nombres distintos: Plan Compartir, Pastoral del Diezmo, Pastoral de la corresponsabilidad y es uno de los caminos por donde el Señor quiere llevar a nuestras iglesias a compartir desde nuestras pobrezas y hacernos discípulos misioneros y corresponsables.

Nos toca retornar ahora a casa para devolver a Dios en las personas, familias y comunidades de nuestras iglesias todo lo que hemos recibido del Señor en estas tres semanas. Que el Señor nos de la fuerza no solo de devolver el diezmo de lo que El nos ha dado sino que como el primer discípulo misionero de Jesús, Pedro, estemos nosotros también dispuestos a dejarlo todo para seguirlo hasta el final y tenerlo solo a El como nuestra única recompensa. Que María de Aparecida nos acompañe en el camino y nos aliente en nuestras resoluciones para que nuestros pueblos con nuestra llegada empiecen a vivir una nueva etapa de vida verdadera y de esperanza inquebrantable.

Aparecida 29 de mayo de 2007

+ Ubaldo Santana Sequera

Arzobispo de Maracaibo

Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana

 
 
   
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