V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
 
Boletín :: Suscríbase
RSS - Actualizaciones
Noticias en su escritorio
Visitantes
 
   
  Inicio arrow Intervenciones V Conferencia arrow Conferencias Episcopales arrow Intervención - Conferencia Episcopal de Haiti  
 
Intervención - Conferencia Episcopal de Haiti PDF Imprimir E-Mail

Mons. Louis Kébreau, SDB
Obispo de Hinche

Un saludo afectuoso del pueblo haitiano que peregrina en esta tierra del Caribe.

En el año 1860, Haití y la Santa Sede firmaron un Concordato. De ese contrato nacieron cinco diócesis y más tarde cuatro más. El clero que dirigía era todo misionero de Francia. Alrededor de los años 60, época de la dictadura de Duvalier, un diálogo se estableció entre el Estado haitiano y la Santa Sede para que se tuviera un clero autóctono. De ahí nació el episcopado haitiano. Hoy el episcopado cuenta con diez y seis obispos, dos eméritos y cuatro lo serán en un tiempo no muy lejano. Existen dos provincias eclesiásticas.

Desde la invitación de la quinta conferencia, “llamados a ser discípulos y misioneros, nos hemos preguntado ¿cómo el Espíritu Santo actúa en nuestra Iglesia que sufre? A través de un discernimiento hemos descubierto que la fuerza de esta Iglesia reside en un pueblo que canta, que baila, y que celebra su fe en Dios que nos dio a su Hijo haciéndolo camino, Verdad y Vida. Un pueblo pobre, que espera cielos nuevos y tierra nueva. Un pueblo que confió en la acción del Espíritu Santo.

Una riqueza de esta Iglesia es su religiosidad popular. Iglesia joven, que tiene abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas. Los obispos están muy conscientes de la necesidad de una formación integral que tiene como referencia una formación que abarca lo humano, lo afectivo, lo espiritual, lo intelectual y pastoral. Urge impulsar criterios para formar los formadores. Hoy día, se puede decir que la Iglesia a pesar de su pobreza tiene vocación misionera. Por ejemplo, en Estados Unidos, Canadá, Guyana Francesa, África, Bahamas, Brasil y Francia. La Iglesia, movida por el Espíritu Santo, puso en marcha tres congresos con etapas diferentes: convocatoria de los jóvenes en el mes de julio en Cabo-Haitiano, congreso de los religiosos en el mes de septiembre, y la presentación del proyecto de la Educación Católica en octubre.

En el cielo de esta Iglesia hay nubarrones que nacen de la situación social, política y económica del país. Todo eso da una sensación de pesadez, que frena la buena marcha de esa Iglesia joven y dinámica.

Hay un hecho evidente, que Haití, República independiente, se ve ocupado hoy por una fuerza multinacional de la ONU que tiene por misión estabilizar la paz (MINUSTHA). Nos damos cuenta para que el país encuentre su estabilidad económica y política, debemos encontrar los medios para resolver estos desafíos: la migración, el desempleo, la delincuencia juvenil, la corrupción y la impunidad. Solos no podemos, tenemos necesidad de brazos, de inteligencia, de buena voluntad, de un amor profundo de Dios para que podamos construir esa casa de hermandad, esa casa de comunión, sobre una tierra donde tenemos la responsabilidad como Iglesia de dar el testimonio de un amor sincero y profundo por el diálogo, la comprensión y el deseo de trabajar por la promoción de la dignidad humana. De esta solidaridad nacerá la esperanza que creará en nosotros una utopía renovadora de un mundo humano, justo y fraternal. Recordando las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, cuando decía que América Latina no debe ser solamente un continente de esperanza, sino también un continente de amor. Queridos hermanos, hermanas, creo que si ponemos las palabras del Santo Padre en práctica, el amor no será una palabra vana, sino que será un compromiso transformador que nos conducirá a ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

 
 
   
© Copyright 2005/2008 CELAM Todos los Derechos Reservados
V Conferencia ha sido desarrollada por VE Multimedios