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Misión AD Gentes en y desde América Latina
Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Colombia
La quinta conferencia habla muchísimo de discípulos misioneros. Sin embargo, es necesario aclarar que, según sean los destinatarios de la acción misionera de este discípulo, cambian las modalidades de la misión y las exigencias de su formación.
Una de estas modalidades es la misión ad gentes. Esta misión es movimiento de amor más allá de las fronteras de la fe para encender por primera vez el fuego del evangelio en una situación donde Cristo no ha sido acogido.
Benedicto XVI presenta a los destinatarios de la misión ad gentes de esta manera: “El campo de la missio ad gentes se ha ampliado notablemente, y no se puede definir sólo basándose en consideraciones geográficas o jurídicas; en efecto, los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones.”
Dentro de estos ámbitos socioculturales están las estructuras injustas abiertamente contrarias a los valores del Reino. Pero están también los areópagos que no son ni bueno ni malos, como anotaba Juan Pablo II, pero urgidos de ser iluminados con la luz de Cristo.
Una característica de nuestro continente es que dentro del mismo han aumentado mucho las situaciones misioneras requeridas de la primera evangelización con sus etapas de contacto humano, diálogo interreligioso o intercultural y primer anuncio. Todo discípulo está llamado a interesarse por estas situaciones misioneras nuevas y especialmente los laicos.
Al mismo tiempo, el mundo espera de nuestra iglesia continental con su casi 50% de los católicos del mundo, un compromiso más significativo con la misión universal proyectándose hacia otros continentes, especialmente Asia y África en el deseo de ayudar a las iglesias hermanas.
No caigamos en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas diocesanos. En esa trampa cayeron tantas iglesias que perdieron así su fecundidad, se debilitaron y desaparecieron.
Propagar el influjo de Cristo en el mundo, acoger el surgimiento de nuevas comunidades cristianas, promover la presencia de los valores del Reino en tantas situaciones donde brillan por su ausencia ya por la injusticia o por la incredulidad, debe ser un cometido esencial de nuestra iglesia continental. ¿Queremos fortalecer nuestra fe en todo el continente? La fe se fortalece dándola. El año entrante tendrá lugar en Ecuador un nuevo congreso misionero americano. Que no suceda que allí se diga que la tarea del congreso será corregir la orientación de encerramiento misionero propio de la V Conferencia. Al contrario, qué bueno si allí se dice que se quiere asimilar la valiente, global y lúcida opción misionera de la V conferencia del Episcopado latinoamericano y caribeño.
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