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La Habana, Julio 10: Agradezco de corazón, a nombre de todos los miembros del Consejo Episcopal, las cordiales palabras de bienvenida que acaba de dirigirnos el Presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba, Monseñor Juan García, Arzobispo de Cacahué, como también la excelente acogida que nos brinda en esta casa el Sr. Arzobispo de La Habana , Cardenal don Jaime Lucas Ortega y Alamino. Asimismo agradezco sus palabras al Sr. Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Luigi Bonazzi, que ha presidido nuestra Eucaristía inicial y ha iluminado nuestra labor con su generosa homilía. Doy la más cordial bienvenida con fraternal estima a Monseñor Octavio Ruiz, Arzobispo de Villavicencio, que ha sido recientemente nombrado Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Saludo muy cordialmente a todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales de América Latina y de El Caribe y a quienes representan a los Presidentes que estuvieron impedidos de venir, como también a los delegados de las mismas Conferencias.
Saludo con afecto fraterno a los miembros de la Presidencia del CELAM, a los Presidentes de los Departamentos y de los Centros, y a los responsables de las Secciones que nos acompañan. Les doy la bienvenida con gratitud a los estimados representantes de los organismos eclesiales de ayuda que están con nosotros. Saludo cordialmente a los secretarios ejecutivos y a los demás colaboradores que han venido a facilitar nuestro trabajo. Han transcurrido tan sólo cinco semanas desde que nos despedimos en Aparecida. Lo sentimos como si hubiese sido recién ayer. Nos acompañan recuerdos muy hermosos, y un proyecto pastoral de gran envergadura, que elaboramos con el ánimo de colaborar mejor con Dios, Señor de la Historia y Padre nuestro, con Jesucristo su Hijo, Sumo Sacerdote, Maestro y Pastor, y con el Espíritu Santo, que une, enriquece con ministerios y carismas, santifica con sus dones y envía a la Iglesia misionera, experta en humanidad. Lo elaboramos como discípulos de Jesucristo, siguiendo las huellas de María Santísima y de nuestros hermanos los santos. El pasado 11 de junio la Presidencia de la Conferencia de Aparecida fue recibidos por el Santo Padre. En la audiencia dejamos en sus manos el documento conclusivo. Con alegría se refirió a su peregrinación al santuario de Aparecida y a nuestra V Conferencia General. Nos expresó asimismo que la autorización que daría a la publicación del documento final sería un signo de su aprecio a nuestro magisterio episcopal. Deseoso de facilitar el trabajo de esta Asamblea Ordinaria, después de pedir su parecer a los Dicasterios que colaboran con él en la Santa Sede , nos ha enviado el texto definitivo del documento conclusivo, cuya publicación ha autorizado. Nos esperan ahora jornadas decisivas para la puesta en marcha de las conclusiones de la V Conferencia General de nuestro Episcopado. Tomaremos en nuestras manos este instrumento providencial que Dios nos ha regalado para estrechar nuestro afecto colegial y nuestra colaboración pastoral: el Consejo episcopal para América Latina y de El Caribe, que tiene la misión de servir a nuestras Conferencias Episcopales. Después de recibir el informe que da cuenta de las labores en el cuatrienio que concluye, y de evaluarlo en vista de su aprobación, dotaremos al Consejo episcopal de una nueva Presidencia, y elegiremos a los Obispos que presidirán los Departamentos y a los que serán responsables de las Secciones. Seguramente tendremos presente a los obispos que más sobresalieron en nuestra reciente Asamblea en Brasil, y elegiremos a los que mejor garanticen la expansión del espíritu de Aparecida, e impulsen la implementación de las orientaciones pastorales de la V Conferencia General. Otra tarea de gran importancia nos espera. Esta vez no aprobaremos un Plan para el cuatrienio previamente elaborado. Reflexionaremos sobre los encargos y las directrices que le confiaremos a la próxima Presidencia y a los obispos que escojamos, para que sean ellos los que elaboren los programas con que los cumplirán, en base a las prioridades que les entreguemos. La responsabilidad por la conducción del CELAM estará, en estos días y en cada Asamblea, enteramente en las manos de todos ustedes, especialmente de los representantes de las Conferencias Episcopales. Un lugar privilegiado en nuestras reflexiones lo ocupará la Misión Continental. Tendremos un intercambio sobre sus características, aprobaremos algunos elementos comunes, y algunas tareas se las confiaremos al CELAM para que la Misión sea muy fecunda y abarque a toda Latinoamérica y El Caribe. Antes de dar término a estas palabras iniciales, quisiera agradecerles de corazón, a nombre de los miembros de la Presidencia y de todos nuestros colaboradores -obispos, sacerdotes y laicos- la oportunidad que nos dieron de prestar este hermoso servicio de comunión, y el encargo de preparar la Conferencia de Aparecida. Es cierto, éramos limitados y muy pocos los responsables de tan magno evento, pero con gusto nos consagramos a su realización, invirtiendo en ella nuestro tiempo, nuestras reflexiones, oraciones, energías y esperanzas. Hemos sido muy bendecidos como testigos privilegiados de la bendición y la conducción de Dios, y del espíritu evangélico que anima a nuestro episcopado. De corazón les agradecemos esta maravillosa experiencia. Concluyo, invitándolos a poner toda nuestra confianza y nuestros proyectos en las manos de Dios, y a confiar nuestro trabajo a la Sma. Virgen. Los invito por eso a iniciar nuestra Asamblea, rezando la oración de la Conferencia de Nuestra Señora Aparecida. |