V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
 
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Conferencia en Alemania del Cardenal Errázuriz PDF Imprimir E-Mail

Conferencia en Alemanía del Cardenal Errázuriz,Presidente del Celam, donde hace referencia a la preparación de la V Conferencia

 

Königstein, 2 de diciembre de 2005

1.-     La convocación de una  nueva Conferencia General. 

En mayo del año 2001 la XXVIII Asamblea General Ordinaria del CELAM, reunida en Caracas, acordó pedir al Santo Padre que aprobase la idea de convocar una V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, con ocasión del quincuagésimo aniversario del CELAM, que se celebraría a fines del año 2005.  Con conciencia de la gran fecundidad de las Conferencia Generales anteriores, sobre todo de las Conferencias de Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), el Consejo Episcopal, que es realmente una familia de Conferencias episcopales, deseaba celebrar una nueva Conferencia General y para ello le pedía al Santo Padre que aprobase este proyecto.  La decisión se tomó por la unanimidad de los votos, salvo dos abstenciones. 

Pocos meses después, Su Eminencia el Cardenal Juan Bautista Re nos comunicó que el Santo Padre miraba favorablemente esta idea.  En Mayo del año 2005, con ocasión de la Asamblea General siguiente, el Cardenal Juan Bautista Re nos pidió que reflexionáramos acerca del lugar, el temario y la fecha.

Posteriormente algunos colaboradores cercanos del Santo Padre en Roma cuestionaron la conveniencia de celebrar una nueva Conferencia General, proponiendo más  bien la celebración de un Sínodo especial para América Latina y el Caribe o de una Asamblea extraordinaria ampliada del CELAM.  Se consultó el parecer de los Presidente de las Conferencias Episcopales y de los Cardenales Latinoamericanos acerca de estas tres formas de Asamblea Episcopal.  El 75% de los Cardenales y de los Presidentes se manifestaron claramente favorables a una Conferencia General del Episcopado.  El Santo Padre Juan Pablo II decidió personalmente, en Mayo del año 2004, que la Asamblea Episcopal sería una nueva Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.  En el caso de las Asambleas del Sínodo de Obispos, el Santo Padre convoca a miembros del episcopado para que colaboren con él en la conducción pastoral de la Iglesia, entregándoles un tema para el intercambio de experiencias y reflexiones.  El documento conclusivo es una exhortación apostólica del Santo Padre.  Cuando se trata de una Conferencia General del Episcopado, son las Conferencias Episcopales de los diferentes países las que quieren reunirse para tratar un tema determinado en comunión con el Papa.  El Santo Padre convoca las Conferencia Generales, aprueba el tema (introduciendo a veces nuevos elementos), inaugura la Conferencia General y autoriza la publicación del documento pastoral conclusivo. 

Recientemente, con ocasión del último Sínodo para los Obispos, accediendo a la petición de las Conferencia Episcopales del Continente, el Santo Padre decidió que la V Conferencia General tendría lugar en América Latina, a saber junto al Santuario de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil, en el mes de Mayo del año 2007.  En estos días nos entregó una oración para acompañar e inspirar el trabajo preparatorio.

Cuando se haya aprobado el reglamento de la Conferencia General, el Santo Padre convocará oficialmente su celebración.  Se cuenta con una participación aproximada de doscientos Obispos.  Participan normalmente todos los presidentes de las Conferencias Episcopales y los Cardenales del Continente.  Normalmente son invitados también los prefectos y presidentes de los Dicasterios Romanos, como asimismo los presidentes de los Consejos Episcopales de África, Asia y Europa.

2.-     El tema de la V Conferencia General.

Si bien la primera decisión tomada en Caracas no acordó ningún tema, ya en la Asamblea Ordinaria de Paraguay surgieron reflexiones que giraban en torno a la identidad de los católicos, la iniciación cristiana, o los sacramentos de la iniciación cristiana.  Recién  en la reunión celebrada en Puebla en febrero del año 2003 se inició el intercambio  acerca de la nueva situación de la Iglesia y de los países del Continente, que pide un nuevo encuentro de los Obispos, y acerca del núcleo temático que éste debiera tener.  En esa oportunidad tomamos conciencia de un gran cambio tanto en la situación de la Iglesia como también en las condiciones culturales, políticas y económicas de los países del Continente, en comparación con la situación correspondiente cuando se celebró la Conferencia General del Episcopado en Santo Domingo.   En Puebla de manera unánime se formuló el núcleo temático con las siguientes palabras: “Discípulos de Jesucristo en la Iglesia católica, para la nueva Evangelización de América Latina y el Caribe al inicio del Tercer Milenio”.  Ya en esa reunión se individuaron importantes desafíos del actual momento histórico, y se constataron algunos temas importantes para dar una respuesta pastoral en el presente de la Iglesia del Continente.

Después de diferentes consultas, también a las mismas Conferencia Episcopales, en mayo del presente año propusimos a Su Santidad Benedicto XVI el siguiente temario: “Por el encuentro con Jesucristo, discípulos y misioneros en la comunión de la Iglesia católica, al inicio del Tercer Milenio, para que nuestros pueblos tengan vida”.  Era nuestro primer encuentro con el Papa Benedicto XVI.

El día 7 de julio de este año el Papa nos entregó la aprobación al tema, que quedó formulado de la siguiente manera:

“Discípulos y misioneros de Jesucristo,
para que nuestros pueblos en Él tengan vida.
Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn. 14,6)”.

 

3.-     Breve desarrollo del tema.

  • Su centro: Discípulos y misioneros de Jesucristo.  Este núcleo temático profundiza la orientación pastoral de la exhortación apostólica Iglesia en América: “Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, de la comunión y de la solidaridad”.  En efecto, quienes se encontraban con Jesucristo y eran llamados por Él, se convertían en discípulos del Pastor y Maestro.

 

Quien lo encuentra y llega a ser su discípulo, quiere seguirlo.  Este contenido apunta hacia la coherencia de la vida de los fieles laicos en el mundo.  La fe cristiana no es tan sólo una relación humana con Cristo, al cual se le tiene una gran simpatía.  La fe pide una acción en el mundo, para transfigurar las realidades temporales según el querer de Dios.  El cristiano tiene que ser un hombre coherente con su fe.

Quien es discípulo es llamado por Cristo para ser enviado.  Ser discípulo y ser misionero implica toda la riqueza de la identidad cristiana.

La vocación misionera del cristiano se hizo presente cada vez con mayor fuerza en la formulación del tema.  La Iglesia en América Latina tiene conciencia de haber perdido una gran cantidad de cristianos en el último decenio.  Así mismo compara la actitud poco misionera que han tenido los católicos en el pasado, con el ardor misionero de los pentecostales y de las sectas.  Quiere aprender de ellos, y vivir un despertar misionero.  Cuando se habla de misiones, pensamos en la misiones en el propio país y también en  otros países, sobre todo en aquellos a los cuales no ha llegado aún el anuncio de Jesucristo.  Queremos que nuestra Iglesia sea permanentemente misionera.  Ella es una comunidad de discípulos y misioneros.

Comparando este núcleo temático con el tema de las Conferencias Generales anteriores, es fácil descubrir su originalidad.  El centro de esta Conferencia no es, en primer lugar, un gran programa: La nueva Evangelización, la cultura cristiana o la promoción humana.  Esta Conferencia General se centra en aquella persona bautizada que va a gestar  la cultura cristiana, que va a ser evangelizadora y que va a promover a sus hermanos, sobre todo a los más marginales.  Es una nueva perspectiva en la línea de la educación de la fe.  Se trata de ser y formar discípulos y misioneros de Jesucristo.

Esta Conferencia General del Episcopado no quiere concluir con un mero documento.  Quiere preparar la materia de una gran misión continental.  Ése ha sido el deseo de los presidentes de las Conferencia Episcopales que han participado en nuestras últimas reuniones y en la reciente Asamblea de Lima.

  • Fue el Papa Benedicto XVI quien confirmó nuestra intención de confrontarnos con los desafíos de nuestro tiempo, ya que ellos constituyen el contexto vivo en el cual nacen, crecen y son misioneros los discípulos de Jesucristo.  En efecto, tenemos que reflexionar sobre el tiempo que Dios nos ha regalado como casa, como atmósfera, como parte de nosotros mismo y como desafío.  Nuestras comunidades, sobre todo los agentes pastorales, tienen que ser conscientes de la voz de Dios en el tiempo, y preguntarse qué espera Dios de sus discípulos en un tiempo como el nuestro.

 

  • Este documento desarrolla también el propósito que nos anima de dar vida y transformar la cultura de nuestros pueblos.  La perspectiva esta determinada por la vida de nuestros pueblos; más aún, por la vida nueva en Cristo.  Este el gran don que nosotros podemos entregar a nuestros pueblos.  Estar comprometidos con esta misión, significa adherir y gestar la cultura de la vida; como también preocuparse para que las sociedades de los países Latinoamericanos sean un espacio apto para que todos vivan según su dignidad; también los más marginados.

 

4.-     Documento de Participación.

Después de recibir la aprobación del tema, concluimos la elaboración del Documento de Participación.  Corresponde a los “lineamenta” de los Sínodos; es decir, se trata del documento de  consulta que quiere introducir el tema y desarrollarlo, para suscitar la participación de innumerables comunidades a lo largo del Continente.  Naturalmente son documentos limitados, que no alcanzan a incluir todos los temas, y que no pretenden adelantar las conclusiones de una V Conferencia.  Sólo quieren mencionar un horizonte de temas que suscite la participación de todos.

  • a) Los temas y el orden del Documento de Participación

El capítulo I se remonta a los anhelos más profundos de nuestra existencia como seres humanos y como bautizados. Ante el surgimiento de una nueva época, en medio de grandes desconciertos y vacilaciones, de nuevas expectativas y rechazos, convenía que nos remontásemos a los anhelos más hondos de nuestra existencia, sobre todo a los anhelos de verdad y de felicidad, y que los iluminásemos con la revelación tanto de la Antigua como de la Nueva Alianza.

El capítulo II nos propone que tomemos conciencia de haber sido muy bendecidos, sin merecimientos de nuestra parte, a través de la Buena Noticia que llegó, no sin dolor, como un mensaje de esperanza a nuestras tierras, y de los vivificantes impulsos del Espíritu Santo en esta hora de Nueva Evangelización.

Estos capítulos quieren ayudar a las comunidades que los trabajen a tomar conciencia de sus propios anhelos y de la gran bendición que han recibido de Dios.  Son capítulos que invitan a la gratitud, y a mirar la vocación nuestra como también los desafíos que presenta el tiempo actual desde una identidad clara, que mucho estimamos.

A partir de esta conciencia, en el capítulo III del documento nos invita a ir al encuentro de Jesucristo y a permanecer en Él como discípulos y misioneros suyos que viven en la comunión de la Iglesia, proponiéndonos que profundicemos el contenido bíblico y teológico de nuestra condición de discípulos y misioneros, como también que recorramos los caminos que nos llevan a  convertirnos realmente en discípulos y misioneros de Jesucristo, y que conducen a que muchos lo encuentren y le sigan.

Abrir nuestros ojos a la realidad del mundo y de la Iglesia al inicio del tercer milenio, es encontrarse con grandes desafíos. Tal es el contenido del capítulo IV. La voz del tiempo es voz de Dios. Él nos habla a través de los acontecimientos y de las situaciones por las cuales atravesamos en nuestro peregrinar. Muchas de ellas son situaciones muy dolorosas, por ejemplo, la persistencia de la pobreza; otras muestran dudas y emancipaciones, mientras otras hablan con gratitud de la siembra de vida nueva, de dones y carismas que el Espíritu Santo sigue haciendo en nuestra Iglesia en América Latina y El Caribe. Se evaluarán, completarán o redefinirán con mayor precisión y amplitud estos desafíos.

Este capítulo se subdivide en cuatro temas, a saber: Vivimos en medio de los dolores de parto de una nueva época; la globalización, un desafío para la Iglesia; las esperanzas y las tristezas de nuestros pueblos nos interpelan; y los católicos y la Iglesias también ante otros desafíos internos o propios del contexto en que vive.

Bien se puede advertir que este capítulo, que trata de los desafíos que enfrenta la cultura, el intercambio internacional, nuestros pueblos y la misma Iglesia, puede desarrollarse antes del capítulo III,  ya que la tarea de ser y formar discípulos y misioneros de Jesucristo es nuestra primera respuesta a los grandes desafíos del tiempo.  La Conferencias Episcopales tienen la libertad de cambiar el orden de la materia.

El último capítulo se refiere a la urgencia del encargo de Jesucristo. Con Él el Padre nos envió a hacer discípulos a todas las gentes. Nuestra misión nos pide evangelizar la cultura de nuestros pueblos, llegando hasta sus mismas raíces (EN 18 y 20). Es una tarea que abarca tanto a la Iglesia como a la Sociedad. Queremos que la cultura sea un espacio que acoge la vida en Cristo, de modo que todos sean en Él hijos del mismo Padre y vivan como familiares de Dios, llamados a la santidad, y a la alegría y la fecundidad de la Buena Noticia. Queremos que también los pobres y marginados puedan vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios, y que todos trabajemos con pasión por la “cultura de la vida”, sobre todo de la vida de sus miembros más afligidos, siendo con todos ellos en Jesucristo constructores de su Reino.

El texto de este capítulo es una breve introducción al tema “Para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. Se distingue precisamente porque se trata de la vida “en Él”, la vida que de Cristo resucitado toma su fuerza, su inspiración y su estilo inconfundible; porque tiene su origen en Él, se realiza con Él y llega en Él a su plenitud. Nos pide que realicemos la misión de la Iglesia en este tiempo de gracia,  mediante una acción en favor de la vida de nuestros pueblos en Él. Sabiendo que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, todos podrán proponer de qué manera respondemos a los desafíos del inicio del tercer milenio con la coherencia y la valentía propias de discípulos y misioneros del Señor.

Como se puede notar, es un capítulo que se abre decididamente al testimonio y a la acción misionera. Es un capítulo que mira hacia la gran Misión Continental que deseamos iniciar con la celebración de la V Conferencia General. Dejamos este capítulo abierto a las reflexiones de todos y a las contribuciones que envíen a través de las Conferencias Episcopales.

b) El objetivo que persigue el Documento de Participación.

Más allá de suscitar aportaciones de todas las Conferencias Episcopales para preparar bien la V Conferencia General, el documentos persigue una meta.  Quiere desencadenar un gran proceso espiritual de conversión y de acción misionera.  Éste será: 

  • Un proceso en el cual crezca la gratitud y la autoestima por el don de ser católicos
  • Un proceso pedagógico, ya que se trata de formar discípulos y misioneros de Jesucristo.
  • Un proceso de discernimiento, ya que pone en contacto con los dolores de parto de una nueva época, cuyos síntomas requieren discernimiento.
  • Un gran proceso de compromiso laical, para transformar el construyendo el Reino.
  • Un gran despertar misionero.

 

5.-     El trabajo de preparación promovido por las Conferencias Episcopales.

De hecho el CELAM no ejerce un rol protagónico en la preparación de la V Conferencia General, sino cumple el encargo recibido de las Conferencias Episcopales y le presta el servicio de animar y coordinar los esfuerzos tendientes a la preparación, y de hacerlo en comunión con la Santa Sede. 

Por este motivo el proyecto del Documento de Participación fue enviado a la Comisión Pontificia para América Latina, cuyo presidente es el Cardenal Juan Bautista Re, quien nos entregó sus puntos de vista para mejorar le documentos.  Tuvo la delicadeza de enviar dichas observaciones como una aportación de la Santa Sede, pero dejando a nuestro criterio la consideración de las mismas para la redacción del texto definitivo.  Naturalmente, un trato tan respetuoso suscita una mayor colaboración.

Las Conferencias Episcopales ya recibieron en la segunda quincena de octubre el Documento de Participación y numerosas fichas de trabajo para tratar la materia en las comunidades.  La Conferencia de los Obispos brasileños tradujo inmediatamente ambos textos y, valiéndose de las Editoriales Paulinas, lo esta distribuyendo por el país. Otros países también imprimen sus ejemplares y adaptan las fichas de trabajo a su realidad.  De hecho, el costo del envío de un Documento de Participación editado en Colombia es mayor que el costo de impresión del documento.  Por eso los países lo imprimen en casa.  Es fácil por lo demás tener acceso por Internet – www.celam.info. En este portal se puede encontrar el material.  Las Conferencias Episcopales, después de recoger las aportaciones de las diócesis, de las universidades católicas, de las comunidades religiosas, y de los movimientos eclesiales, etc., enviarán su contribución a la V Conferencia antes del día 30 de noviembre del año 2006.

La red informática para la Iglesia en América Latina (RIIAL) ha cooperado con nosotros, elaborando un sistema que permite ordenar todas las aportaciones según los diferentes temas, y realizar la síntesis con mayor prontitud.

Esperamos entregar el así llamado “Documento de Síntesis”, que contendrá las aportaciones recibidas de  toda América Latina y el Caribe, a fines de febrero del año 2007.  No lo hemos llamado documento de trabajo, para evitar el mal entendido de ser éste el proyecto del documento conclusivo.

6.-     Otros documentos de apoyo.

Para enriquecer la reflexión, estamos editando algunos estudios que pueden ser útiles para quienes reflexionen sobre el tema de la V Conferencia, y para quienes se preparan como miembros a participar en ella.  Hemos publicado un primer volumen acerca del discipulado en el Evangelio de San Lucas.  Además, con la ayuda del “Observatorio” del CELAM, hemos publicado dos volúmenes de apoyo, que llevan como títulos: América Latina: Sociedades en cambio; y Católicos y Políticos, una identidad en tensión.

Estamos preparando así mismo, con la colaboración del Consejo Pontificio para los Laicos, un primer congreso de movimientos eclesiales y nuevas comunidades en América Latina, que se realizará, Dios mediante, en Bogotá durante la segunda semana de marzo del próximo año.  Queremos recoger las experiencias de los movimientos, como escuelas de formación de discípulos y misioneros. Esperamos contar con el apoyo de Adveniat para financiar este encuentro. Los pasajes normalmente serán costeados por los invitados.  Así mismo estamos preparando un encuentro de pastoral mariana junto al Santuario de Guadalupe en México, que se realizará, Dios mediante, a fines de julio del año 2006.  Hemos recibido como don de Dios una profunda devoción mariana en nuestros pueblos, pero los sacerdotes y los agentes pastorales no saben como conseguir la maduración de los frutos de esta siembra de Dios.  Queremos abrirle camino a un trabajo pastoral con la piedad mariana que le permita dar sus mejores frutos en el campo litúrgico, bíblico, comunitario, social, etc. Esperamos que Kirche in Not pueda ayudarnos en el financiamiento de este encuentro.

Ya tuvo lugar un encuentro de un grupo reducido de periodistas católicos de alto nivel acerca de la situación de la  Iglesia.  Así mismo tendremos sendos encuentros del mismo tipo con un grupo reducido de constructores y animadores de la sociedad; como así mismo de sacerdotes.  De las mejores aportaciones del Congreso mariológico, del Encuentro de movimientos y nuevas comunidades, y de los seminarios, quisiéramos  editar sendas publicaciones, para enriquecer la reflexión de esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

7.-     El estatuto de la V Conferencia y su convocación.

La convocación oficial de la V Conferencia que hará Su Santidad Benedicto XVI, tendrá lugar cuando están aprobados sus estatutos.  La Pontificia Comisión para América Latina los está preparando, y desea conocer nuestro parecer antes de llevarlos al Papa para su aprobación.  En ellos se establecen los criterios para elegir a los miembros, el método y las instancias de conducción de la Conferencia General, como así mismo la metodología que en ésta se  aplica. 

8.-     Financiamiento de la V Conferencia General.

Por iniciativa de las organizaciones de ayuda, hace aproximadamente un año tuvo lugar una reunión de éstas (Adveniat, Misserior, Kirche in Not y el departamento correspondiente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América) con representantes del CELAM, para estudiar el financiamiento de esta V Conferencia.

Gracias a Dios, hacerla en América Latina junto al Santuario de Nuestra Señora de Aparecida no exige tantos medios económicos como hacerla en Roma.  Hay un plan de financiamiento que contempla seis fuentes para cubrir la operación:  el propio CELAM, la Pontificia Comisión para América Latina, los organismo de ayuda internacional, algunas diócesis y fundaciones europeas, las publicaciones del CELAM relativa a la V Conferencia General, y las propias Conferencia Episcopales.  Salvo el caso de Conferencias Episcopales más desfinanciadas, esperamos que las demás colaboren con sus representantes, financiándoles el medio de transporte que los llevará al lugar de la V Conferencia en Brasil.

9.-     El espíritu que nos anima.

El magisterio del Papa Juan Pablo II, y las Conferencias Generales del Episcopado anteriores, han dado una gran unidad a la vida de la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe.  En nuestras reuniones palpamos un profundo espíritu de comunión.  Así deseamos que la V Conferencia sea un verdadero acontecimiento eclesial, que renueve y fortalezca profundamente nuestra identidad como discípulos de Jesucristo, y suscite en los miembros de nuestra Iglesia un nuevo ardor misionero ante los desafíos de una nueva época, que agita a América Latina y al mundo al inicio del tercer milenio.

Nuestro afán es suscitar la participación de todos nuestros colaboradores: en las parroquias, movimientos eclesiales, las asociaciones de laicos y los establecimientos católicos de enseñanzas y, en comunión con ellos, de todos los agentes de pastoral. Así queremos responder al desafío de ser casa y escuela de comunión, y animarnos a hacer de la santidad el horizonte de nuestros servicios pastorales, y de la solidaridad el cauce de nuestra colaboración activa con los pobres y excluidos, para que cambie su suerte y vivan en una comunidad de hermanos.

Le rogamos a Dios que esta V Conferencia impulse una misión permanente y orgánica en todo el continente, que cree lazos nuevos y permanentes de fraternidad y comunión, y que llegue al corazón de las familias y de la cultura. Con María Santísima pedimos a Dios que fluya el torrente de agua viva que es el Espíritu Santo, de manera que él encienda el nuevo ardor que necesitamos en las encrucijadas valóricas de nuestro tiempo.

 
 
 
 
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