Los Obispos de Costa Rica se reunieron los días 20 al 23 de febrero en su 91ª Asamblea Plenaria. Durante 4 días reflexionaron diversos temas de interés nacional, y dedicaron un tiempo significativo para abordar el tema de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, así como plantear las estrategias para el proceso de participación en esta nación centroamericana.

Aprovechando la circunstancia de la Reunión de Oficinas de Prensa en San José, el director de la Oficina de Prensa del CELAM, P. David Gutiérrez, realizó el jueves 23 una visita a la sede de la reunión de los obispos de Costa Rica y compartió aspectos de la organización y de los objetivos de la V Conferencia. Los obispos de Costa Rica manifestaron su interés en el proceso de participación e indicaron que realizaron una edición local del Documento de Participación que ya ha tenido amplia difusión, inclusive han respondido a pedidos hechos desde Nicaragua. La edición costarricense del Documento de Participación incluye las fichas de trabajo diseñadas para facilitar el trabajo en grupos.
En el mensaje final de la asamblea, la Conferencia Episcopal de Costa Rica dedica un apartado exclusivo a la V Conferencia, que transcribimos para conocimiento de todos:
“Estamos en la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano a realizarse en Aparecida, Brasil, durante el mes de mayo del año 2007, con la presencia del Santo Padre Benedicto XVI. Se trata de un acontecimiento que involucra a toda la Iglesia en América Latina y el Caribe. Nuestras comunidades también han de vibrar con esta celebración. Hemos iniciado en nuestras Diócesis un trabajo de motivación y estudio del Documento de Participación sobre el tema central propuesto por el Papa: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida” “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,16).
La preocupación central de los Obispos Latinoamericanos es la numerosa cantidad de bautizados que viven alejados de la Iglesia, con una débil o ninguna formación doctrinal en su fe, y por lo tanto con una incidencia nada significativa en la vida familiar y en la vida pública, política, económica y social. A esto se agrega el fenómeno de la presencia de una variedad de grupos cristianos, otros movimientos religiosos y una mentalidad secularista y agnóstica que se extiende.
Por otra parte, no está ausente de la agenda del Episcopado Latinoamericano la preocupante situación de un sistema que agrande y agudiza la brecha entre ricos y pobres con sus evidentes consecuencias”.
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